Ayer ha debido de ser el único San Valentín de mi vida que no ha estado gafado... Puede que incluso el primero que lo he pasado en compañía de alguien, digamos, "especial". Y el futuro no lo quiera, pero espero que no sea el último.
Él ha estado enfermo, ha llegado a estar tan mal como para ser incapaz de hablar y comer, pero ha tenido una recuperación rápida y ahora solo le queda algo de fatiga. No nos hemos podido ver en un tiempo, un tiempo que se me ha hecho eterno, pero a la primera de cambio me ha propuesto ir a verle hasta su pueblo. Y es coincidencia que haya sido el día 14, a pesar de que él ni cayó en la cuenta de la fecha que era.
Me presentó a unos pocos amigos que estaban disponibles. Ya se sabe, sábado. La gente hace sus planes. Se van y vuelven tarde. A todos les ha dicho que le gustan los chicos. A todos les ha dicho que, de algún modo, está conmigo. Y todos lo han aceptado muy bien. Y es curioso, teniendo en cuenta el pasado de este chico, y sobre todo, sus ideologías.
Empezó como un rollo cualquiera. Nos conocimos un poco y al lío. A las pocas semanas me confesó que estaba a gusto conmigo, quizá demasiado, y no sabía si eso era bueno o malo. Ha continuado diciéndomelo hasta el día de hoy. Me pide abrazos, me pide besos. Y aún así, tiene miedo a dar ese paso en el que, de alguna manera, una relación se convierte en algo más serio. No quiere hacerme daño. Nunca nadie quiere, es curioso, pero yo lo que en realidad querría es que alguien tuviese el valor de dar el salto, de pensar "vale la pena arriesgarse, aunque pueda no salir bien".
Ayer estuvimos un rato a solas, lo que el tiempo nos permitió. Subimos a un último pìso. Casi salimos por la ventana a subirnos al tejado. Contemplamos las vistas (una situación que me recordó a otras varias, Mina), mientras él me cogía de la cintura, cosa que no me esperé. No me acuerdo muy bien de lo que me decía, solo sé que acabó diciendo el típico comentario cursi, "esto hasta parece romántico", y acabamos besándonos.
Bajamos, y hasta que llegaba el bus que me llevaba de vuelta a casa, nos metimos en otro lugar apartado. Estuvimos juntos, el uno apoyado en el otro, y seguimos hablando. Me decía que se acordó mucho de mí durante ese tiempo que no nos vimos. Me decía nuevamente que estaba muy a gusto conmigo, con su consiguiente "no sé si es bueno o malo". Me decía que la próxima semana no nos íbamos a poder ver por una serie de motivos familiares de los que no hace falta que entre en detalle aquí. Pero, en seguida, me propuso una alternativa, que yo acepté sin pensarlo dos veces, así que... Le veré. A pesar de todo, él no se quiere distanciar. Yo tampoco de él.
No sé lo que me depara el futuro con él. Tampoco quiero pensarlo demasiado. Pero sé que, tarde o temprano, él se tendrá que ir. Y si las cosas siguen así, yo no sé qué haré. Sería capaz de irme con él. ¿Pero hasta qué punto es esto realista o responsable? ¿Él me lo permitiría acaso?
Y la duda que siempre me queda... ¿Realmente está a gusto conmigo por lo que yo soy, por quien yo soy, o porque él necesita cariño, compañía...? Aunque, quizás, esas mismas preguntas se esté haciendo él sobre mí. Aunque creo que he visto suficiente de su trato hacia mí como para saber que no soy ningún juguete ni su clavo ardiendo al que tiene que agarrarse para no caer.
Por el momento, y como creo que ya dije... Disfrutaré de lo que me puede ofrecer en este momento. Y que dure lo que tenga que durar...
Así es la vida. Así es el destino. Nada es eterno.
Ni siquiera el mundo en el que vivimos.
Él ha estado enfermo, ha llegado a estar tan mal como para ser incapaz de hablar y comer, pero ha tenido una recuperación rápida y ahora solo le queda algo de fatiga. No nos hemos podido ver en un tiempo, un tiempo que se me ha hecho eterno, pero a la primera de cambio me ha propuesto ir a verle hasta su pueblo. Y es coincidencia que haya sido el día 14, a pesar de que él ni cayó en la cuenta de la fecha que era.
Me presentó a unos pocos amigos que estaban disponibles. Ya se sabe, sábado. La gente hace sus planes. Se van y vuelven tarde. A todos les ha dicho que le gustan los chicos. A todos les ha dicho que, de algún modo, está conmigo. Y todos lo han aceptado muy bien. Y es curioso, teniendo en cuenta el pasado de este chico, y sobre todo, sus ideologías.
Empezó como un rollo cualquiera. Nos conocimos un poco y al lío. A las pocas semanas me confesó que estaba a gusto conmigo, quizá demasiado, y no sabía si eso era bueno o malo. Ha continuado diciéndomelo hasta el día de hoy. Me pide abrazos, me pide besos. Y aún así, tiene miedo a dar ese paso en el que, de alguna manera, una relación se convierte en algo más serio. No quiere hacerme daño. Nunca nadie quiere, es curioso, pero yo lo que en realidad querría es que alguien tuviese el valor de dar el salto, de pensar "vale la pena arriesgarse, aunque pueda no salir bien".
Ayer estuvimos un rato a solas, lo que el tiempo nos permitió. Subimos a un último pìso. Casi salimos por la ventana a subirnos al tejado. Contemplamos las vistas (una situación que me recordó a otras varias, Mina), mientras él me cogía de la cintura, cosa que no me esperé. No me acuerdo muy bien de lo que me decía, solo sé que acabó diciendo el típico comentario cursi, "esto hasta parece romántico", y acabamos besándonos.
Bajamos, y hasta que llegaba el bus que me llevaba de vuelta a casa, nos metimos en otro lugar apartado. Estuvimos juntos, el uno apoyado en el otro, y seguimos hablando. Me decía que se acordó mucho de mí durante ese tiempo que no nos vimos. Me decía nuevamente que estaba muy a gusto conmigo, con su consiguiente "no sé si es bueno o malo". Me decía que la próxima semana no nos íbamos a poder ver por una serie de motivos familiares de los que no hace falta que entre en detalle aquí. Pero, en seguida, me propuso una alternativa, que yo acepté sin pensarlo dos veces, así que... Le veré. A pesar de todo, él no se quiere distanciar. Yo tampoco de él.
No sé lo que me depara el futuro con él. Tampoco quiero pensarlo demasiado. Pero sé que, tarde o temprano, él se tendrá que ir. Y si las cosas siguen así, yo no sé qué haré. Sería capaz de irme con él. ¿Pero hasta qué punto es esto realista o responsable? ¿Él me lo permitiría acaso?
Y la duda que siempre me queda... ¿Realmente está a gusto conmigo por lo que yo soy, por quien yo soy, o porque él necesita cariño, compañía...? Aunque, quizás, esas mismas preguntas se esté haciendo él sobre mí. Aunque creo que he visto suficiente de su trato hacia mí como para saber que no soy ningún juguete ni su clavo ardiendo al que tiene que agarrarse para no caer.
Por el momento, y como creo que ya dije... Disfrutaré de lo que me puede ofrecer en este momento. Y que dure lo que tenga que durar...
Así es la vida. Así es el destino. Nada es eterno.
Ni siquiera el mundo en el que vivimos.

3 Comments:
yo creo que es el principio de un futuro...
Y ES MUY BONITO!!
:-)
hulaaaaaaaaaaaaaa
asi k te recuerda a otras situaciones lo de las vistas e¿? nuse nuseeeee
tio, tngo k ablar contigo, llevo bastante sin estar ontigo un rato trankilina pa poder contarte todo..jajajajaaj
te queruuuuu^^
Joé, estoy off un par de semanas (puede que más, mi percepción del tiempo es tan relativa cuando hay exámenes :P) y cuando vuelvo vaya cambio! jeje. Me gusta como ha quedado. Y respecto a lo que comentas, me quedo con la frase de vale la pena arriesgarse, aunque pueda no salir bien. De eso se trata vivir la vida. Un beso!!
Post a Comment